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LOUISE MICHEL

Activista feminista, anarquista, educadora, escritora y poeta

 

“Nosotras las mujeres simplemente debemos tomar nuestro lugar sin pedir permiso por ello… Tened cuidado del día en que las mujeres se cansen de todo lo que les rodea y se levanten contra el viejo mundo. Ese día un nuevo mundo comenzará”.

Y por ese nuevo mundo luchó obstinadamente Louise Michel durante los casi 75 años de su azarosa vida. “Representaba un nuevo tipo de mujer que es, sin embargo, antigua como la raza humana” llegó a decir de ella Emma Goldman.

Louise Michel ha pasado a la historia del activismo por ser la “precursora del feminismo de la Comuna de París” como la define Clara Serrano en su artículo en el periódico El Diagonal. Pero Louise Michel fue mucho más allá, su actividad en defensa de los “desdichados” empezó desde joven, tanto en el terreno de la docencia donde puso en práctica métodos de pedagogía libertaria, como en sus numerosos escritos narrativos, poéticos, periodísticos, teatrales o en sus conferencias e involucración a pie de calle.

Hoy nos acercamos a su figura para hacernos eco de, quizás, la parte de su vida menos conocida, los 7 años de destierro forzoso en la colonia francesa de ultramar, aún vigente, de Nueva Caledonia, por aquella época una colonia penal.
Tras la breve experiencia de la Comuna fue encarcelada durante 2 años y finalmente condenada a deportación perpetua en 1873, a sus 43 años de edad; aunque sería absuelta tras la amnistía de 1880.  Las casualidades de la vida la colocaron en una de las colonias francesas en la que su población originaria, las y los kanakas, estaban, y siguen estando, en lucha  por su libertad. “Los kanakas buscan la misma libertad por la que nosotros luchábamos en la Comuna” escribió.

Louise Michel era una apasionada de la historia precolonial e indígena así como de la botánica y la biología, llegó a aprender una de las lenguas kanaka, recopiló canciones y leyendas que publicaría tanto allí como en su regreso a Europa, estudió la fauna y la flora del archipiélago Kanaky que envió al Instituto Geográfico de París, y sobretodo, tomó parte en el empoderamiento del pueblo kanaka para su liberación.

Desde el principio empezó a trabajar de maestra con población tanto francesa como indígena, infantil y adulta. Volvió a poner en práctica aquellas metodologías que ya levantaron ampollas en algunas familias de la metrópoli: fomentar la participación de las alumnas, formación de una mentalidad crítica y un sentido de la responsabilidad, prohibición del castigo y una toma de contacto con la naturaleza y el arte.  

No tardaron en aparecer los primeros roces con las fuerzas coloniales pues se quejaban de que llenaban “las cabezas de estos kanakas de doctrinas peligrosas. El otro día oyeron hablar de humanidad, justicia, libertad y otras cosas inútiles”.

En 1878 se produjo un levantamiento aborígen, y justo antes de la revuelta llamaron a la choza de Louise Michel para despedirse de ella, cuenta en sus escritos. Tal como si se tratase de un paralelismo histórico la insurrección kanaka duró dos meses antes de ser aplastada por el ejército francés, lo mismo que la Comuna de París.

Hoy, la lucha por la independencia Kanaky sigue reconociendo a su aliada Louise Michel.