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REFLEXIONES

Chapas sobres el movimiento feminista

CUANDO LA SALUD MENTAL ES CUESTIÓN DE SALUD SOCIAL: LOS MALESTARES DE GÉNERO (Mayo de 2026)

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Con motivo del 28 de Mayo Día Internacional De Acción Por La Salud De Las Mujeres, establecido en 1987 para reivindicar el derecho a la salud integral, sexual y reproductiva de mujeres y niñas, señalaremos algunas de las consecuencias del patriarcado para la salud.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud en la etapa adulta la prevalencia de ansiedad y depresión en las mujeres es el doble o más de la que padecen los hombres.

 

En el período de la infancia, en concreto en los primeros años de vida, las niñas presentan mejores condiciones de salud física que los niños, observándose una disminución del bienestar subjetivo de las niñas en la adolescencia, y desarrollándose trastornos depresivos y de ansiedad entre las mujeres jóvenes que se trasladan a la vida adulta.

¿Qué ocurre en el proceso de socialización y qué impacto genera?

Parece, por tanto, que los lugares que ocupamos en los ámbitos social y familiar, cómo integramos roles y estereotipos de género y qué relaciones de poder se establecen en consecuencia, pueden suponer un factor de riesgo para el desarrollo de la salud y el bienestar. Las desigualdades de género se observan con claridad -tal y como hemos señalado- en el diagnóstico y el tratamiento de las afecciones de salud mental, tales como la depresión y la ansiedad.

La OMS y otros Organismos Internacionales como ONU Mujeres recogen cómo la sobrecarga de tareas y cuidados (incluida la carga mental), roles impuestos, discriminación en el empleo, desigualdad de oportunidades y acceso a los recursos y de tiempos propios por las dobles y triples jornadas (para descansar, dormir, hacer deporte y llevar una buena alimentación), unido a desvalorizaciones y violencias (sexual, de pareja, etc.) que se derivan de la socialización patriarcal, tienen consecuencias en los estilos de vida y repercuten en la salud.

Llamamos malestares de género a sufrimientos emocionales y físicos que tienen su origen en las desigualdades de género, mandatos en cuanto a roles e identidades de género y de orientación sexual que dan como resultado síntomas como pueden ser la tristeza, angustia, apatía, insomnio, problemas alimentarios, dolores generalizados, fibromialgia, disfunciones relacionales y sexuales.

Con frecuencia estos malestares son además patologizados y medicalizados, impidiendo así que la persona pueda conocer la raíz de los mismos y poner remedio, invisibilizando su causa estructural, que no es otra que una organización social, política y educativa desigual en función del género, y una distribución inequitativa e injusta de los recursos y de las obligaciones que limitan la libertad y el crecimiento. Todo ello tiene unas consecuencias muy profundas en la vertebración de nuestras subjetividades.

Por añadidura, la medicina ha asumido tradicionalmente que los síntomas que presenta una parte de la población son universales, ignorando, minusvalorando, malinterpretando o incluso psicologizando los síntomas del resto, lo que deriva en una falta de atención adecuada a sus necesidades. En este sentido es necesario incorporar las diferencias en los estudios e investigaciones biomédicas, de modo que la diversidad se encuentre representada y se puedan observar las distintas necesidades y puntos de partida, salvando así los sesgos que han estado presentes en el ámbito científico y que extrapolaban el modelo masculino hegemónico al resto de la población, desde una mirada androcéntrica.

Cuando estos factores de discriminación se cruzan además con otros como la edad, clase social, etnia, lugar de residencia, país de origen o discapacidad, los impactos en la salud se multiplican en su interseccionalidad.

 

Desde otro punto de vista es interesante entender cómo la construcción de nuestras subjetividades viene atravesada por una internalización de valores marcados bien por esos privilegios o por esas discriminaciones que implican una renuncia a ser, invisibilizando la agencia, borrando muchas veces la posibilidad de gestar un proyecto vital propio y generando unas identidades atravesadas por una construcción desde una visión rígida y limitada que implica y genera empobrecimiento de la persona y que puede conducir a malestares de género, incluyendo sintomatología aguda o crónica y trastornos psicosomáticos.

Un collage en forma de corazón con bolas de colores

¿Qué podemos hacer?

Es necesario abordar los principales condicionantes sociales de la salud, como son los ingresos y los recursos económicos, el acceso a la educación y al empleo, las condiciones laborales, la seguridad y el medio ambiente, los roles familiares y sociales; sin embargo, poniendo el foco únicamente en el contexto, corremos el riesgo de reforzar la indefensión, limitando la agencia.

Para hacer pensable y posible el acceso a otras formas de relación y a posiciones reales desde las que acceder a los recursos y oportunidades, se hace necesario un trabajo de las subjetividades atravesadas por el género que permita a cada persona desplegar su potencial sin corsés limitantes que frenen su pleno desarrollo y posibilitando la modificación de su posición subjetiva.

En numerosas ocasiones pueden ser invisibles los múltiples motivos que hacen sentir pequeña, triste, desenergetizada y angustiada a una persona que ha podido lograr distintas metas socialmente valoradas. Sin embargo, en su estructura subjetiva están vigentes los introyectos, mandatos y subterfugios del patriarcado, que pueden perfectamente haberla alejado de sí misma, de su deseo, de su camino y generar, de esta manera, profundos conflictos emocionales.

 

La buena noticia es que los malestares de género son variables sociales erradicables si se escuchan, desvelan, nombran y visibilizan, construyendo vínculos protectores que regalen palabras, miradas y recursos y que construyan relaciones en las que no tengan lugar. Al ser un producto de la educación patriarcal, este problema es social y no individual, por lo que se repara en relación.

 

Desde unas relaciones que nos permitan ver y ser vistas, desde una conciencia de cómo nos vamos construyendo en relación, podemos, -con cada gesto- poner salud y crear vínculos saludables que den lugar a subjetividades diversas y degeneradas, esto es, libres de mandatos que nos coartan y crecer así en libertad.

Por Itxaso Sasiain Villanueva

Para saber más sobre el impacto de género en la salud te recomendamos las siguientes lecturas:

“La señora Dalloway”, de Virginia Woolf.

“Las horas”, de Michael Cunningham.

“La mujer helada”, de Annie Ernaux.

“La mística de la feminidad”, de Betty Friedan.

“El cuento de la criada”, de Margaret Atwood.

“Orlando”, de Virginia Woolf.

Y esta recolección de películas:

“Las horas”, Stephen Daldry (2002)

“No te preocupes, querida”, Olivia Wilde (2022)

“Las sufragistas”, Sarah Gavron (2015)

“Matria”, Álvaro Gago (2023)

“Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles”, Chantal Akerman (1975)

“Girlhood (Bande de filles)”, Céline Sciamma (2014).

“Una joven prometedora”, Emmerald Fennell, (2020).

“Tomates verdes fritos”, Jon Avnet, (1991).

“La loca y el feminista”, Sandra Gallego (2022) (cortometraje).

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