© 2017 Creado y diseñado por Redmolacha2.0 para La Periférica CPTS.. Fotos de Anayara Cabrera.

GIULIA TAMAYO LEÓN

Activista feminista, abogada, educadora  
 
“Cada persona somos lo que hemos amado durante nuestra residencia en la tierra, lo único que nadie podrá arrebatarnos. Amar, construir nuestra felicidad y apoyar a la de otras personas, esa es nuestra tarea en la vida, que demasiadas veces se olvida o se posterga”. Estas son las palabras de Giulia Tamayo, “una activista a la que nadie puso de rodillas”, así la describía el obituario de “El País” que daba la noticia de su fallecimiento el 9 de abril de 2014, tras una larga batalla contra el cáncer, la última de muchas otras que libró.

Giulia fue abogada, feminista y activista infatigable por la defensa de los derechos de las mujeres. Miró cara a cara al sufrimiento y al horror humano con una mirada plena de amor, vivió sin establecer límites entre lo personal y lo político mientras alzaba la voz ante la injusticia y lanzaba un mensaje transformador y de esperanza.

Fue una investigadora humanista y presente en la realidad. En 1984 se unió al Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, una de las primeras organizaciones de educación popular de mujeres de su Perú natal, donde brindó asistencia legal a mujeres víctimas de violencia de género y explotación sexual. Años más tarde dirigiría esta organización. En 1987 se integró en el Comité de América Latina y el Caribe para la defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), encargándose de investigar la violencia contra las mujeres ejercida por los servicios públicos de salud de Perú. Desveló cómo el Gobierno de Fujimori forzó la esterilización de cientos de miles de mujeres a través del llamado Programa de Anticoncepción Quirúrgica (AQV). A partir de su informe “Nada personal”, inició una campaña para frenar estas esterilizaciones forzadas y otras formas de violencia y discriminación contra las mujeres. En 1990 fundó Raíces y Alas, colectivo de mujeres y varones para trabajos sobre Género, Derechos Humanos y Buen Vivir, desde donde pudo interconectar Género y Derechos Humanos, dos enfoques que entretejió y difundió a lo largo de su vida.

Tanto por su labor de investigación como de denuncia fue amenazada y perseguida en su país por paramilitares y Sendero Luminoso, sufriendo un atentado que buscaba acabar con su vida. En 2001 se vió obligada a exiliarse a España apoyada por Amnistía Internacional, residiría en Aluche. En esta organización continuó su activismo contra las violaciones de derechos humanos. Durante su exilio, de la misma forma que recorrió Perú para romper el silencio de las víctimas de la esterilización forzada, recogió testimonios de mujeres victimas de violencia sexual y tortura en Colombia, República Democrática del Congo o Haití. Al referirse a todas aquellas mujeres a quienes escuchó y defendió puso el foco, más que en la condición de víctima, en su capacidad para levantarse; usando las palabras de Giulia: “En los escenarios más adversos, la libertad, incluso cuando es atropellada, es creadora (…) lo que te quiero contar es cómo las personas se reconstruyen en un mundo tan devastado”.

En España decidió escuchar a “quienes buscaban a sus familiares en fosas comunes” exigiendo derecho a la verdad, justicia y reparación, investigó y denunció los crímenes de la guerra civil y el franquismo, e hizo campaña por el derecho a la vivienda mientras acompañaba a víctimas de desalojos forzados y de otras violaciones de derechos económicos, sociales y culturales perpetrados durante la crisis financiera.

Giulia transformó la indignación en lucha, vivió comprometida por la defensa de la dignidad y amplió la voz de quienes veían silenciada la suya exigiendo justicia, así lo reflejó en su último discurso al recibir en Montevideo el premio Lima Warmi que conmemoraba el 20ª aniversario de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer: “Admito mi peligrosidad hacia los tiranos, incluidos los expertos en aconsejar brutalidades. Confieso ser el tronco impertinente que se resiste al hacha, el pez que elude ser pescado, soy la arruga que declara su existencia”.