REFLEXIONES

Aprendizajes compartidos, un recorrido de nuestra historia a través de los sentidos

EL ENCUENTRO DE LO COTIDIANO

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Lo que sabemos, lo que sentimos, las experiencias que hemos tenido, nos han ido constituyendo poco a poco, han ido perfilando aquello que hoy llamamos identidad y que es tan complejo de explicar. Pero lo que está claro, es que los principales aprendizajes de la vida, aquellos momentos que nos han marcado y que han supuesto, en algunos casos un punto de inflexión, en otros, un devenir tranquilo e imperceptible, no los solemos encontrar en las aulas, ni en los libros de texto, ni en seminarios sesudos (algunos maravillosos y valiosísimos).

 

Estos momentos, espacios, personas... suelen ser mucho más determinantes que el lugar que el relato de nuestras vidas les otorga, ya que en la mayoría de los casos olvidamos lo cotidiano para centrarnos en lo excepcional.

  

Si a esto le sumamos que los mecanismos que anclan dichas experiencias a nuestra existencia no suelen tener nada que ver con la razón, sino con olores, sabores, sonidos o simples sensaciones corporales, tenemos la formula perfecta para el olvido y la infravaloración. Dejando de lado gran parte de lo que somos y sobre todo, del modo en el que hemos llegado a serlo.

 

Por eso hemos decidido intentar hacer un recorrido por nuestra historia, tanto individual como colectiva, primero, a través de los sentidos y después a través de libros, series y lugares que al pensar en ellos nos evocan sensaciones más que pensamientos, que nos trasladan a momentos de encuentro, de crecimiento, de aceptación, difícilmente explicables a través de la palabra.

Además queremos que este viaje sea a través de lo bueno que hemos sentido, que hemos encontrado y/o construido, tanto solas como en compañía, porque partimos del convencimiento de que para poder vivir la vida, para poder asumir la falta, el vacío o la frustración, es necesario conectar con aquello bueno que tenemos, que nos nutre y que puede nutrir a otras personas, desde aquí, desde la confianza, el reconocimiento y el encuentro de lo cotidiano es el mejor lugar desde el que mirar lo que somos y el mundo que nos rodea.

Silvia Altolaguirre Soler

 

EL OLFATO

Cada vez que vuelvo a sumergirme en un pinar, las emociones siguen siendo las mismas que en mis primeras experiencias

LOS PINARES

El olor a pinar me traslada inmediatamente, y por mucho que pasen los años, a la primera vez que de niña fui de acampada con la familia de una amiga. 
Recuerdo la sensación en el saco, la ilusión de dormir bajo las telas, los nervios de que entraran muchos bichos… Me viene sobre todo, la sensación de aventura, y de poder encontrar hogar y refugio más allá del conocido.
 
Lo más curioso es que, cada vez que vuelvo a sumergirme en un pinar, las emociones son casi las mismas; quizás porque las experiencias que vivo en ellos son parecidas; o quizás porque mi olfato me coloca en disposición de buscar al tiempo aventura y refugio, y me da la posibilidad de transformar el momento para volver a experimentar algo igual de especial.

¡Qué afortunada de poder cruzarme con este olor tan a menudo!


Esther

El olor de mi perro me traslada del campo a casa, de la tranquilidad a la aventura y del alegría al enfado

OLORES CONTRADICTORIOS

Siempre he vivido los olores de un modo contradictorio, travieso y muchas veces incorrecto. De pequeña me regalaban olores para ponerme guapa y, a mi, me daban dolor de cabeza, los olores que sirven para relajar, me vuelven a generar el persistente dolor de cabeza o el olor a una buena tortilla de patata con cebolla, me revuelve el estómago. Creo que el olfato es el sentido que se codifica del modo más personal e intransferible de todos los sentidos.

Si tengo que elegir entre los olores que me generan bienestar, elegiría otro olor contradictorio, el olor de mi perro (que no el olor a perro...). Simón es capaz de generar una gama inmensa de olores, algunos más sutiles y otros más intensos, pero todos ellos me hacen sentir en casa, me divierten y algunos me siguen sorprendiendo.

Mis amigas huelen a perro en mi coche, yo huelo a campo y caminatas; cuando llueve, ese olor intenso a pollo crudo que generan los perros mojados, si es de Simón, me hace gracia y me invita a acercarme, a cuidarle; el olor mañanero, reconcentrado, de haber pasado una buena noche de sueño profundo, me lleva directa a la ventana, a airear y a ser consciente de que se puede vivir la vida de un modo relajado; los olores asquerosos a bicho muerto con los que me ha deleitado en más de una ocasión, después de la arcada correspondiente, me vuelven a hacer gracia y me llevan a una sensación de aventura.

En resumen, mi perro y todos sus olores, me trasladan del campo a casa, de la tranquilidad a la aventura o del enfado a la alegría más rápido que cualquier otro olor en el mundo.


Silvia

El olor de las sopas de ajo me recuerdan al hogar y la compañía de mi familia

SOPAS DE AJO

Última hora de la tarde en invierno, mientras jugaba la última partida de cartas en la cocina con mis abuelos siendo una niña, mi madre terminaba de cocinar las sopas de ajo que no podían faltar como primer plato de la cena en esos días fríos. Ese olor me lleva al calor del hogar y a estar en compañía de mi familia.

Laura

resinoso, embriagador y envolvente es el olot a jara. Respiro infancia, alegría y libertad

JARA

Resinoso, embriagador y envolvente...respiro jara y respiro infancia, alegría y  libertad. Tardes de verano entre pinares y rocas de granito..

Respiro jara y, de pronto, me lleno de vida, de ganas de subir la ladera, de ganas de quedarme y oler todo lo que hay detrás, de tumbarme sobre el colchón de  hojas y perderme entre el azul del cielo y las copas de los árboles.....todos mis demás sentidos se amplían, se llenan de presencia y me siento segura y en calma.

El olor de la jara es volver a casa.


Rocío

El olor a chimenea me atrae, me recuerda a buenos momentos con las personas que quiero

OLORES QUE INVITAN A PASAR

Hay olores que resuenan dentro de mí, atrayéndome. Son olores que cuando se cruzan en mi camino logran que el mundo se pare. Por un momento me olvido de todo lo demás, empiezo a ir más despacio hasta que me detengo para recrearme en ellos.

Son muchos los olores que llevo dentro. El del café que borra las legañas mañaneras o es una sobremesa con colegas, el del pan recién hecho que despierta el apetito, el del jazmín que lleva al cine de verano al que iba de pequeño, o el de un cigarrillo negro que es un viaje en furgoneta con mi padre.

Pero si hay un olor que pone a rastrear al perro sabueso que habita en mí hasta dar con el lugar del que viene, es el de la leña en la hoguera. Ese es el olor de la casa de mi abuela y de mi casa del pueblo. Cuando lo huelo, el otoño y el invierno se hacen presentes, veo a mi abuela preparando unas patatas estofadas sobre la lumbre, siento la tranquilidad de estar sentado en el sofá mientas me dejo hipnotizar con la danza del fuego, vuelvo a conversaciones con colegas o familia delante de una buena comida y unas cervezas, y puedo notar por un instante como mis manos y pies van perdiendo el frío.

Cuando huelo a chimenea encendida, esté donde esté, me paro y busco la casa de donde viene el olor. Y, a veces, doy unos tímidos pasos acercándome con la intención de llamar al timbre, esperando que abran y con un “adelante” me inviten a pasar.


Alberto

Un olor que me lleva a la infancia, el olor a tierra mojada, olor a nostalgia, a fin el del verano.

LA TIERRA MOJADA

Con la llegada del otoño y sus primeras lluvias el ambiente toma un olor a tierra mojada, un olor que me lleva a la infancia, un olor que activa recuerdos que entornan los ojos y saca sonrisas. El olor a tierra mojada…olor a nostalgia, olor al fin del verano, un verano largo de tres meses en el pueblo, olor a despedida de familiares y amigas, olor a ilusión de nuevos comienzos, la vuelta a Madrid y un caminar desconocido.

Muna

 

EL GUSTO

Los especiado conecta con mis raices, me provoca conexión con lo ancestral

LO ESPECIADO

Siento una conexión con los sabores y aromas a especias…la cúrcuma, el comino, las pimientas, la canela, etc. Algo se activa en mí en una zona profunda a la que el recuerdo a veces no es capaz de llegar. Lo especiado transciende una conexión esencial, me conecta con mis raíces, con algo ancestral.

Muna

El gusto. Manzanilla, aprendizajes compartidos en La Periférica

MANZANILLA

Manzanilla...ese regusto cálido que siempre sé que va a aliviarme...: un dolor de estómago, un dolor de ovarios... o... un dolor del corazón. El sabor que de niña odié porque había comido demasiado y me provocaba vomitar, y que, con el paso del tiempo, se convirtió en un sabor suave, acariciante y delicado que guardaba en su interior el milagro de calmar lo que fuera que te sucediera, simplemente porque era la tisana que siempre me llevó mi madre a la cama...Manzanilla, mi sabor de los cuidados. 

Rocío

El gusto de comer una tortilla de patata

TORTILLA DE PATATA

No hay mejor tortilla que la de nuestra madre y en mi caso no falla. Un pincho de tortilla viene bien a cualquier hora del día, creo que nunca me cansaría de comerlo. Es un placer cada vez que me lo llevo a la boca, nunca me decepciona. Me lleva a la sencillez y a esas excursiones del colegio comiéndome mi bocadillo, para mí, el mejor del mundo.

Laura

Sopa de fideos. El encuentro de lo cotidiano en La Periférica

SOPA DE FIDEOS

Tomar algo caliente como una manera de ir cerrando el día...apagando la mente...es algo que tengo muy ritualizado. Y un caldo con fideos, a veces de pescado, a veces de cocido o de verduras... es una cena que podía ponernos mi madre un día sí, y otro también, sin que generara cansancio sino más bien tranquilidad, rutina, el regreso a casa y juntarnos antes de separarnos para dormir... eso sí, ya calentitas. 

Laura

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EL GUSTO DEL VIAJERO

Dicen que un plato de comida puede hacerte viajar. Al menos en mi caso, así me pasa en ocasiones. Es un extraño poder mágico que se activa cuando la mezcla de sabores explota en mi boca y, en un abrir y cerrar de ojos, me traslado a lugares del mundo en los que he estado, me reencuentro con personas y revivo experiencias y sensaciones.

Un plato de cus-cus me lleva al ajetreo de una calle de cualquier ciudad de Marruecos, a recorrer un laberíntico zoco donde tienes la misión “casi imposible” de encontrar la salida y a estar sentado en una terraza frente a un té de hierbabuena, mientras comparten conmigo los sueños de ir en busca de una vida mejor. Unos tacos me trasladan a México, donde me reciben con los brazos abiertos, es sentir la alegría y el bullicio de la plaza de los portales de Veracruz donde la vida se vive intensamente al compás de las notas de una guitarra que toca un son jarocho. Un arroz con frijoles es estar sentado en un patio de una casa de La Habana hablando bajito de política y de revoluciones que fueron, son y serán, es volver a recorrer calles donde el tiempo se ha parado y, a la vez, la vida sigue con lo poco que se tiene.

Y me parece curioso como a medida que mi gusto se ha abierto a nuevos sabores del mundo, también lo ha hecho mi mirada. Con cada nuevo sabor que he probado mis horizontes se han ampliando, siendo cada vez más consciente de la enorme diversidad de realidades y maneras de vivir que existen, cada una de ellas como si fuera un plato único que está ahí, esperando a ser saboreado.


Alberto

 

EL OÍDO

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SUENAN LAS CAMPANAS

Suenan las campanas! Suena a casa de los awel@s, vibran las paredes, resuena en el corazón. Un sonido singular que vayas por donde vayas suena igual. Suenan las campanas…suena a casa, a casa de l@s awel@s!

Muna

Ronroneo. El encuentro con lo cotidiano en La Periférica Centro de Psicología y Transformación Social

RONRONEO

Ronroneo, ronquidito, zumbido tonal que me hace conectar con la sensación de ternura, bienestar y amor a través del sonido vibrante e incesante de mis gatos.
Un sonido que me llena el alma de una forma como pocas cosas lo consiguen.
Muestra de una forma espontánea de afecto intenso, unión, encuentro, seguridad, calma.
Manera de comunicación y abrazo, que hacen colocarme en una escena, en la cual me siento afortunada, especial, amada. En definitiva a salvo.



Laura

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EL SONIDO DE LAS PUERTAS

Cuantos sentimientos, cuanta información, cuantos empieces en un solo instante aportan las puertas a mi día a día.

Creo que la clasificación podría ser interminable, así que seleccionaré unos cuantos:

- El chasquido confuso, que me mantiene alerta a la espera de un clack más sólido y definitivo, que cuando no llega, me genera inquietud y me obliga a levantarme para ver dónde se ha detenido el proceso.

- La puerta que se desliza suavemente anunciando que alguien me cuida y se preocupa de que me levante y de pronto no haga tarde.

- Esa puerta que se resiste a encajar y que tengo que calzar para poder seguir a lo mío.

- El sonido de la puerta de un coche cerrarse, inmediatamente seguido por la frase : “ya están aquí”, ruidos, inicio de actividad, encuentros…

- El chirrido de la puerta mal engrasada que se abre y anuncia que alguien ha atendido el telefonillo. 

- La puerta que se cierra y deja tras de si la angustia y la tensión de un encuentro tenso.

- El zumbido que hacen las puertas del aeropuerto al deslizarse, trayéndome, unas veces, ilusión por el encuentro y/o lo desconocido y otras, nostalgia por lo vivido y la certeza de que hay gente a la que quiero, que está lejos.  

Pero mi favorito sin lugar a dudas, es el sonido de las puertas que me dicen que ya estoy sola, que puedo relajarme y centrarme completamente en mi, este sonido me  ha acompañado toda la vida y a día de hoy sigue aportándome una paz y una felicidad que me cuesta explicar. 



Silvia